Cuando escribo, pienso esto. Muchas veces es complicado plasmar en palabras lo que se siente. Una palabra, una frase mal escrita ó mal entendida puede llevar a una terrible confusión. A veces se tiene la suerte de poder darse cuenta de ello, porque el que lee te lo advierte. Otras, tengo que ser yo mismo el que lo intuya. Haciendolo de esta forma, despacio, las frases se pueden corregir, y aún asi puede suceder. Pero si se escribe muy rápido, casi sin poder pensar ni mirar al teclado, con prisas, aquí sí es donde el peligro real de confusión existe.
Quizá una frase haya podido hacer pensar que habia traspasado la linea blanca imaginaria, que estaba puesta sin decirlo; o habiendolo dicho en sentidos contrarios.
No soy adivino asi que me quedaré sin saberlo. Pero sí me gustaria saber que sucedió.
Aunque tal vez ni siquiera puede que sea así. Tal vez solo sea una impresión, un efectó optico de lectura, una sensación de algo inexistente.
Comienza el invierno. La ropa de abrigo vuelve a la calle y por las mañanas un viento gélido azota el rostro. Quizá sea un cambio de estación. Tal vez mi cambio de estación. Tal vez no sea capaz de ver nada más allá de la punta de mi nariz ó tal vez quiera ver demasiado lejos.