DOS
Andrea y Teresa se conocían. Aunque Andrea no me acompañaba mas que de vez en cuando a la taberna, habían coincidido en otros lugares y sabia que Teresa y yo teníamos esa afinidad que casi nadie comprendía.
Andrea era, es, inteligente. Por eso respeta esa relación aunque creo que en algún lugar de su corazón siente no ser Teresa también, no poder compartir conmigo lo que Teresa comparte. Pero es que no es fácil. Hay que ser Teresa para poder entender eso.
Es difícil que una pareja mantenga a lo largo del tiempo el ímpetu inicial. Cada mes que transcurre bajamos la guardia, dejamos a un lado pequeños detalles que antes nos mantenían en vilo. Damos por hecho cada vez mas cosas que antes queríamos comprobar. Dejamos ese espacio vital del otro demasiado a oscuras, porque el otro, aún necesitándolo, también quiere percibir nuestro interés por él.
Andrea me respetaba, incluso cuando en alguna ocasión Teresa vino a dormir a casa. Aquella noche, al abrir la puerta vi su cara de sorpresa, pero no podía permitir que Teresa durmiera sola. Ella tomó la decisión, lo habló con su novio de entonces y, se sintió sola. No por haber perdido esa relación, sino porque en aquel momento de su vida, Teresa necesitaba mas que ninguna otra cosa sentirse querida. Pero él ya no le daba esa sensación, ya no le daba ninguna sensación y esa era una de las cosas que Teresa jamás permitiría. Así que allí estábamos los tres, una botella de vino tinto y las luces de la ciudad bajo una noche de otoño. Al poco, Andrea puso una escusa y nos dejó solos. Teresa habló, habló con vehemencia, dejó salir todo lo que llevaba dentro, mientras yo le escuchaba. Cerca de las cuatro de la mañana se quedó dormida en el sillón. Subí sus piernas, le tapé con una manta y apagué la luz.
Yo no podía dormir. Estaba en la misma casa con las dos mujeres de mi vida y me quedé pensando. Andrea me daba la seguridad, la paz, la confianza, el hogar. Teresa compartía todo mi yo, todo. Ella sabia todo de mí, todo. Y al revés. Ambos sabíamos que nada podía oscurecernos, que el otro estaba aunque no le viéramos. Solo había una condición no escrita: decir, comunicar, no callar.
Andrea y yo somos pareja. Eso, al menos desde mi punto de vista, implica que pierdo una parte de mi yo. Mucho ó poco, pero una parte se anula ó al menos se aparta. Parece que la pegatina “pareja” tiene alguna connotación especial que hace que la confianza pueda desaparecer, haga callar, algunos aspectos, como si no se pudieran decir, confiar, ciertas cosas, pensamientos, sentimientos...
Por primera vez vi esa diferencia. Con Andrea debo tener tacto depende con qué. Con Teresa no, puedo confiarle cualquier cosa.
Pero estoy enamorado de Andrea, mientras que a Teresa la quiero mas que a mi.
¿Alguien puede comprender esto?.
