Amantes
Parecían una pareja extraña. Mientras me lo contaba, apenas entendía nada. Una semana apenas se hablaban, la siguiente apenas callaban. Hoy indiferentes, mañana colgados el uno del otro. Como si el las nubes que hubiera en el cielo, las hormonas, los vientos, les influyeran.
Pero conforme pasaba el tiempo escuchando sus palabras, comencé a entender. Y es ellos habían descubierto El Secreto: La Palabra. Sencillamente se lo decían todo, sin más. Permanecían ahí y probablemente permanecerían, aunque cambiasen, porque eran capaces de decir y oír.
Era extraño, por lo poco convencional. No se enfadaban, solo se ignoraban; no es que no se quisieran, sencillamente se dejaban llevar por la tempestad. No eran indiferentes porque el deseo les mantenía unidos. No eran pareja porque eran amigos. No eran dos, quizá porque habían aprendido a estar dentro del otro.
A veces se odiaban con pasión porque siempre los dos extremos se tocan. Pero lo más importante de todo no era nada de eso.
Lo más importante era que cada uno de ellos sabia donde estaba el otro y cada semana que pasaba tenían menos dudas sobre ello, aunque al despertar, el primer impulso fuera tirarle la almohada o besarle apasionadamente. Eran diferentes al resto porque se respetaban. Dejaban un espacio para ellos, llenándolo del otro.
Complejo y sencillo a la vez. Se querían, se deseaban, necesitaban saberse.
Me di cuenta que habían subido el Escalón.
