Viaje hacia...
Conducía despacio por la autopista, con música invadiendo todo el habitáculo del coche. Apenas prestaba atención al resto de los vehículos que le adelantaban, porque su mente estaba en otro lado. Recordaba…
Un par de días antes había hecho ese camino en sentido contrario para encontrarse con ella. Se conocían bien, tantas horas, tantos días hablando, todas esas conversaciones interminables que a veces eran solo de silencios acompañados les habían hecho compenetrarse. Aquel día en el que se vieron rodeados de otras personas, escasos besos furtivos, miradas rápidas, palabras con doble sentido.
El deseo de darse más no podía ya esperar, decidieron dar el salto.
Cuando llegó al hotel, ella le esperaba en la cafetería. Se detuvo un instante en la puerta y se quedó mirándola. Ella estaba en la barra, con una taza en la mano. Estaba como la última vez que se vieron…preciosa.
“!!!Hola¡¡¡”
Ella se giro, se miraron y un abrazo irrefrenable los unió. Comenzaron a hablar, pero eran palabras para mantener la mirada….no podían dejar de hacerlo. Un par de minutos después no pudieron seguir así: el la cogio la mano y fueron a su habitación. La pasión que tenían desde hacia meses flotaba en el aire y debían acabar con ella.
En realidad no era tanto deseo como necesidad incontrolable de entregarse totalmente y no conocian otra manera de hacerlo que amándose.
Un rato después, tumbados sobre la cama, se miraban, charlaban, se besaban. Las caricias se sucedían, como queriendo hacer que cada minuto estuviera lleno del otro. Cada poco volvían a amarse, a veces se quedaban quietos estando uno dentro del otro; querían notarse unidos por lo mas intimo que podían darse.
El quiso hacer un juego. Le pidió a ella que cerrase los ojos, como si estuviera dormida. Entonces, comenzó a besar su frente, sus mejillas su cuello, aspirando cada uno de sus olores, sintiendo cada uno de sus tactos. Recorrió su cuerpo con los labios, por cada pliegue de su piel, acaricio cada rincón de ella, memorizando cada detalle, cada lunar. Vio a una mujer real, una mujer que se estremecía con el roce de sus manos, que a duras penas podía mantenerse quieta. Le giró, se sentó sobre sus piernas y acaricio su espalda con delicadeza mientras observaba la ligera sonrisa que se había dibujado en sus labios . Fue recorriéndola entera, hasta sus pies y hubo un momento en que se quedó quieto, solo mirándola. Tenia una imperiosa necesidad de darse a ella, se sentirla de nuevo, de volver a ser uno. Con cuidado, despacio, volvió a girarla, abrió sus piernas y, delicadamente, mientras rozaba sus labios con los de ella, volvió a fundirse. Ella no pudo estar quieta y le abrazó, mirándole y suspirando.
Pasaron horas, entre miles de palabras y millones de besos y muchas unciones, hasta que el sueño les venció.
Pero cuando el alba comenzaba, ella despertó y sin poder evitarlo inicio el juego que el le enseño el día anterior. Y es que apenas podía perder un momento, sentía la necesidad se volver a ser de él y sentir que él era suyo, no por la propiedad sino por la imperiosa necesidad de compartirse.
Ambos sabían que todo duraría apenas unas horas más, después todo volvería a la normalidad, esa normalidad que mataba los sentimientos, que los volvía grises, que hacia que cada día fuera similar al anterior y al siguiente. Pero también sabían que algo había cambiado en ellos, entre ellos. Sabían lo que era amar, dar, entregar, compartir. Sabían que podían hablar, contar, explicar cualquier cosa. Sabían que podrían dejar de verse, de hablarse, que podrían perderse en la vorágine de los días grises, pero también sabían que ninguno de los dos olvidaría al otro, que por mucho que pasara, estaria ahí, dentro del otro y a su lado. Habían descubierto el misterio, habían subido el escalón.

haptesupreina dijo
Un relato precioso, con pasión pero con una ternura y un amor inmenso.
Muchos besos
1 Noviembre 2006 | 11:16 PM