Colores, películas, gente, anuncios, niños, …

Escuchaba conversaciones mientras mantenía la mía propia.

Miraba mi mundo, mientras intentaba adivinar el de los que me rodeaban. A veces intento sentir el todo del planeta, imaginando situaciones que ocurren en lados opuestos, queriendo ensanchar mis pupilas para dejar pasar todas las luces posibles, sentir lo que a otros, en lugares tan cercanos y distantes a mi les ocurre. Viajo a selvas impenetrables donde apenas hay humanos; viajo a ciudades atestadas de gentes con rasgos extraños; viajo a hospitales desatendidos y a playas lúdicas para personas poderosas atendidas por otras que pretenden poder.

Abro los ojos intentando no dejar de sentir aquello para mezclarlo con lo que hay aquí. Mientras espero en una cola, miro a esa persona que se queja de lo que tarda. Mientras paseo, miro a esos jóvenes que siguen aprendiendo despreocupados. Mientras pido un café, observo al viejito de cara inexpresiva, azucarando con cuidado el suyo.

Salgo fuera de mi, dejando la piel en mi sillón, para envolverme en el vestido de la realidad. Pero demasiadas veces confundo una con otra y paso frío, tal vez porque hay tantas realidades como personas y situaciones. Y tal vez hoy más que nunca. Miro atónito la televisión e intento averiguar si hay alguien que pretenda hacernos creer todo eso, o si algunos se han puesto de acuerdo para querer hacerlo.

Vuelvo a pasear por mi ciudad, levantando los ojos para quedarme con eso que suele pasar desapercibido y me doy cuenta que los modernismos arrasan fácilmente con lo de antes, arrinconándolo en tiendas de antigüedades, en museos, para dejar a su paso un impoluto acero inoxidable que pretende dar una falsa sensación de seguridad.

Vuelvo a mirar aquella plaza donde muchos paseamos. Muchas personas en sus ratos de ocio charlando entretenidas, y comentando todo lo que antes ya he escuchado, intentando dar respuestas a planteamientos que se han leido en otros sitios. Luego recorremos le mismo camino de vuelta para llegar donde descansamos para volver a pelear para volver a descansar.

Y sin embargo, no dejo de mirar en busca de esa sonrisa real, de esas que se regalan que no son obligadas por el precio de un conocimiento. Cada vez está mas escondida, asi que me dejo arrastrar de nuevo hacia lugares a los que solo puedo llegar con mi mente o mis bits, mientras pienso que la distancia lo único que hace es que lo lejano me sea mas atractivo por desconocido.

Probablemente lo que busco está en mi, tan cerquita que apenas puedo notarlo, pero de nuevo me revelo a las pequeñitas peleas cotidianas, donde lo ínfimo es un motivo de disputa y lo grande es invisible por su tamaño.

Cuelgo mi cámara del hombro, destapando a cada momento el objetivo, para después intentar descubrir dentro los detalles que se me escaparon.

Y es que no se muy bien si la esencia del humano es tan sencilla que necesita complicarla para sentirse bien o es que somos incapaces de, sientiendo lo simple, apreciar el resto como es.

Planicies en Patagonia, vientos en Mongolia, ventiscas de Nepal, carreteras de Usa, luces de Paris, gritos de Roma, gentes tranquilas de India,…todos vivimos a la vez, sentimos a la vez, a nuestra forma, como lo hemos aprendido de los anteriores. Y recuerdo ahora la palabra que antes admiré y luego descubrí, para ver que no era sino otra forma de ganar. Global significa ya solo ver el todo del Planeta, sentir que en todos sus lugares hay gentes y que seguramente algunas más que otras, hayan descubierto el secreto. Ese tan sencillo como complejo pero que en algunos lugares, quizá no los mas favorecidos, sea mas fácil sentir que en la mayoría del planeta..