Publicidad:
La Coctelera

La Busqueda Interminable

busquedainterminable@gmail.com

19 Agosto 2008

La cala

Ella conocía muy bien aquella zona. Quiso sorprenderme y creo que lo consiguió. Aquél pequeño rincón de la costa era una maravilla natural, absolutamente ilocalizable para cualquiera que no lo conociera. Una pequeña playa desierta, rodeada de acantilados que la protegían y donde apenas el murmullo de las olas del Mediterráneo y la suave brisa de aquella mañana se dejaban oír.

Estaba cansado, después de varias horas de viaje nocturno, pero la necesidad de conocer a Esther me había empujado a cruzar media España sin parar.

Cuando apagué el motor de mi SR en aquella Avenida y di unos pasos para acostumbrarme a estar de nuevo de pie. Pero no me dio tiempo a observar nada mas. A unos veinte metros de mi Esther me saludaba agitando ambos brazos mientras venia hacia mi. Durante unos segundos apenas nos dijimos mas las típicas palabras de dos personas que se ven por primera vez, pero yo no pude evitar abrazarla con fuerza. Durante mucho tiempo habíamos soñado aquel momento y, al menos para mi, era tal como lo había presentido.

Solo teníamos aquel día para estar juntos, pero yo estaba feliz, con ese sentimiento de por fin tener lo que tantas veces había imaginado.

Como habíamos quedado, Esther había traído un casco para ella, y un rato después montamos de nuevo en la moto, mientras ella me daba indicaciones. Estaba distraído porque mi atención se ceñía al abrazo que ella me daba para no moverse encima de la moto. Salimos de Cadaqués hacia el sur, y pocos kilómetros después llegamos a lo que por allí llamaban Cap de Creus,. Tomamos un camino de tierra después de salir del Carrer de la Roca para llegar casi al final de ese cabo. Al final, se abrió antes nosotros un acantilado, dejamos la moto y descendimos por un caminito hasta el nivel del mar.

Era perfecto, no había nada fuera de lugar. Dejé caer sobre la arena mi cazadora de cuero, que ya me molestaba y no pude evitar volverme hacia ella y besarla olvidándome de todo lo demás. No sé cuanto tiempo estuvimos así, pero un rato después me di cuenta que estábamos tumbados sobre la arena, abrazados, desnudos, temblorosos, acariciándonos como queriendo descubrirnos el uno al otro todos los detalles que antes solo habíamos podido imaginar. Las palabras se mezclaban con los besos, las caricias con los susurros y no tardamos en alcanzar ese instante en el que ya no éramos dos desconocidos, ese momento en el que los dos éramos uno y que quisimos alargar tanto como fuera posible. El cuerpo de Esther esa mío y yo era de ella. En realidad éramos ya unos solo, teníamos ese conocimiento total que antes solo expresábamos con palabras y que ahora era total.

Nos estremecimos por fin, durante un tiempo infinito que deseé no pasara jamás. Y nos quedamos mirando el azul del cielo, tan infinito como el sentimiento de unión que juntos habíamos conseguido tener. Ella cerró los ojos, pero yo no podía dejar de mirarla, como queriendo grabar cada centímetro de su piel en mi mente de forma imborrable. Su cuerpo era la fuente de mi deseo, el final de mi camino después de tantos años de espera. Lo besé despacio, deleitándome en cada curva, en cada espacio, mientras notaba su agitación de nuevo inminente.

El agua templada nos quitó la arena de nuestro ya único cuerpo, y mecidos por las olas continuamos unidos, en la más íntima forma de entrega, hasta extenuarnos. Los besos no se agotaban, los gemidos se enlazaban y las miradas cariñosas, deseosas, increíblemente dulces no tenían fin.

Paseamos por aquella pequeña playa, de la mano, sonrientes, hablando sin parar, porque no queríamos dejar ningún sentimiento sin expresar. Y cada parada eran mas besos, cada alto, era carrera persiguiendo era un nuevo escarceo amoroso culminado entre la arena sin que dejáramos de desear.

El sol comenzó a caer, la luz inclinada daba un aspecto diferente a ese rincón tan soñado y los dos sabíamos que nuestro día llegaba a su fin.

Cuando de Cadaqués y Esther que quedaban a mi espalda, alejándose, una única lágrima recorrió mi mejilla.

Solo una, más por sentimiento que por tristeza. Sentimiento de cariño inmenso, de unión con aquella incomparable mujer que había sabido extraer lo mejor de mi mientras a la vez que se había dado como nadie nunca antes se había atrevido a hacer.

Los dos sabíamos que podría pasar tiempo, nuestra piel podría arrugarse un poco mas, pero si alguna otra vez volviéramos a vernos, todo seria igual, porque ya éramos uno, porque habíamos sido capaces de saltar del yo al los dos dejando a un lado cualquier escollo a los que tan acostumbrados estamos a obedecer.

servido por cachitodeti sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Avatar de cachitodeti

La Busqueda Interminable

ver perfil »
contacto »
Firmar mi libro de visitas . Leer mi libro de visitas ----------
Estadisticas web

Fotos

cachitodeti todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Enlaces

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera